En
realidad el Camino
de Santiago
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son infinidad de caminos que confluyen unos en otros
hasta dar con los cinco principales que llegan hasta
la ciudad compostelana. Sin olvidar esta realidad
ineludible, se puede afirmar que si existe un Camino
por antonomasia ése es el Camino francés. Recogiendo
la riada de peregrinos que provienen de toda Europa,
el Camino francés atraviesa los Pirineos por dos pasos,
Somport en Aragón y Roncesvalles en Navarra. En la
misma comunidad foral se unen ambos ramales formando
un solo camino que, recorriendo La Rioja y Castilla-León
(Burgos, León,...), lleva a los caminantes hasta tierras
gallegas y, finalmente, hasta la catedral, donde les
aguarda el Apóstol.
Siendo
éste el camino más utilizado, la múltiple procedencia
de los peregrinos que a lo largo de los siglos han
querido llegar hasta Santiago ha provocado la existencia
de otras cuatro arterias principales de peregrinación.
La de la Costa Cantábrica, que penetra en la península
por Irún y que sigue toda la costa norte, pasando
por la también objeto de peregrinación Cámara Santa
ovetense, hasta llegar a Lugo y, más tarde, a Santiago.
Los peregrinos del sur de la península dejan sus millones
de pisadas sobre el polvo de la Vía de la Plata, senda
que sube por Mérida y Salamanca, entra en Galicia
por Verín y remata a los pies del Apóstol. El Camino
Portugués es el escogido por los fieles lusos para
acercarse al sepulcro del santo, pasando por Tui,
Vigo y Pontevedra. Por último, a un lugar de peregrinación
sito en la marinera Galicia no le puede faltar las
Rutas del Mar que, tras sortear los peligros de la
costa gallega, desembarca a los peregrinos en A Coruña,
inicio de la última etapa de su recorrido que terminará
en la plaza del Obradoiro.