Corría
el año 42 después de Cristo cuando Herodes Agripa
manda decapitar a Santiago el Mayor, discípulo de
Cristo. San Lucas narra como su cuerpo fue arrojado
fuera de la ciudad para que fuera devorado por los
perros y las fieras, pero sus discípulos lograron
rescatarlo y lo embarcaron en el puerto de Jope. Tras
siete días de navegación arribaron al puerto de Iria
Flavia (la actual Padrón), atando la embarcación a
una roca donde posaron el cuerpo de su maestro, roca
que fue cediendo hasta convertirse en el sarcófago
del Santo.
Los
discípulos se dirigen entonces a la corte de la reina
Lupa para solicitarle una parcela para sepultar al
Apóstol; la reina los envió a la cercana corte del
rey Duyo, enemigo del cristianismo, quien los encarceló.
Un ángel los liberó y, cuando eran pereseguidos, se
produjo el milagro del hundimiento de un puente que
acabó con los perseguidores. Volvieron a la corte
de Lupa, quien de nuevo intentó deshacerse de ellos
aconsejándoles que unciesen el carro con unos supuestos
bueyes mansos que eran, en realidad, toros salvajes.
Los animales, olvidando su fiereza, se dejaron uncir,
milagro que hizo que la reina Lupa se convirtiera
al cristianismo y cediera su palacio para iglesia
y sepultura del Apóstol.
Casi
ocho siglos más tarde, hacia el año 813 según la leyenda,
unos pastores observaron una estrella que poseía una
luminosidad extraña. La luz iluminaba el monte llamado
Libredón, futuro asentamiento de Santiago de Compostela,
que fue limpiado de maleza por orden del obispo. Bajo
la maleza se halló el arca marmórica con los restos,
que el obispo Teodomiro, por revelación divina, aseguró que pertenecían al Apóstol Santiago. El rey astur
Alfonso II el Casto visita el lugar y ordena construir
la primera iglesia dedicada a Santiago. La noticia,
que llega a oídos de Carlomagno de boca del propio
rey astur, se propaga rápidamente por Europa. A partir
de entonces Santiago se convierte en símbolo de la
Reconquista frente a los moros, en una época especialmente
dada al culto de reliquias de santos.
A
partir del año 950, con la llegada del primer peregrino
documentado, el obispo francés Godescalco de Puy,
comienzan los datos históricos y se abandona la leyenda.
Durante sus dos primeros siglos el Camino va adquiriendo
cada vez mayor notoriedad entre el orbe cristiano.
Se consolidan las principales rutas, construyéndose
puentes, albergues, hospitales, monasterios e incluso
pueblos que atenderán las necesidades comerciales
y asistenciales de esta primera ruta turística. El
establecimiento en la península de la orden de Cluny,
que realizará labores de asistencia a los peregrinos,
y el nacimiento de la Orden Militar de Santiago, para
defenderlos, son muestras del increíble auge que adquirió
el camino. La posterior instauración del Año Santo
Xacobeo (años en que el 25 de julio es domingo) y
la concesión de la gracia del jubileo a los peregrinos
que visitasen la catedral en esos años, aún haría
crecer más la riada humana.
Hacia
el 1140 Aymeric Picaud escribe la considerada como
primera guía turística de la historia. El libro V
del "Codex Calixtinus", también llamado "Liber Sancti
Jacobi", incluye una detallada descripción del camino
francés, el más transitado. Además de la descripción
física, Picaud escribe sobre la cultura de los pueblos,
sus lenguas, sus costumbres, los peligros del camino,
la gastronomía,... .
Con
el siglo XVI y sus reformas religiosas comienza el
decaimiento del Camino que, si exceptuamos cierta
recuperación en el siglo XVIII, no volverá a ser centro
de interés hasta nuestros días. En la actualidad,
la importancia cultural y artística de esta milenaria
ruta ha hecho que de nuevo miles de peregrinos recorran
Galicia teniendo como norte la catedral de Santiago
de Compostela.