La
religión en primer lugar y la gastronomía en segundo
son los motivos de celebración en la mayoría de las
fiestas de los innumerables municipios, parroquias,
lugares y barrios de Galicia. Cada pequeña parroquia
de esta tradicionalmente católica tierra tiene su
propio patrón a quién rinde homenaje en su particular
fiesta, cuya duración puede ir de un sólo día a toda
una semana. Todos estos festejos están fuertemente
arraigados en los gallegos que participan de forma
masiva tanto en la parte religiosa como en la profana.
El
baile (principalmente la autóctona "muñeira"), la
música de las gaitas, las "pulpeiras", las rosquilleras,...
son parte invariable de todas estas fiestas que alcanzan
en ocasiones especial interés antropológico por su
carácter ancestral. Es el caso de la procesión de
ataúdes que se celebra en A Póbra do Caramiñal; en
cada ataúd va un penitente amortajado que ha escapado
de una enfermedad grave durante el último año. Otras
festividades de carácter religioso llaman la atención
del viajero como las multitudinarias romerías a San
Andrés de Teixido o la bellísima procesión del Corpus
en Redondela.
Entre
los festejos carentes de motivación religiosa destacan
los "curros" o "rapa das bestas", consistentes en
la recogida de los caballos semi-salvajes del monte
para proceder a cortarles las crines, marcar a los
nuevos y venderlos. Alrededor de este acontecimiento,
de gran belleza, se montan bulliciosos mercados de
ganado y se celebran alegres bailes.
Ferias
de ganado, bailes, romerías (entre las que destacan
las marítimas) tienen lugar a lo largo de todo el
año en los diferentes pueblos de Galicia, concentrándose
en mayor medida en los meses de verano, cuando es
imposible que haya un día sin que se celebre una fiesta
en algún punto de la comunidad.