Galicia
y el mar son entes inseparables; no se puede imaginar
el uno sin el otro. La gran despensa del mar ha abastecido
a la población gallega a lo largo de toda su historia
y aún hoy la actividad pesquera es una de las más
definitorias de esta tierra. En 1996 casi un 5% de
la población ocupada gallega se dedicaba a la pesca
y el marisqueo. Este porcentaje es más acusado en
las provincias costeras con más kilómetros de litoral,
es decir, Pontevedra y A Coruña (6.5% y 5.2% respectivamente).
En
los últimos años el sector pesquero de altura se enfrenta
a dos dificultades fundamentales. La primera es el
abandono o la reducción en el número de barcos en
muchos de los caladeros tradicionales por razones
políticas o medio ambientales; los ejemplos más destacados
son los de las aguas NAFO frente a la costa canadiense
o el caladero magrebí. La segunda dificultad, relacionada
con la anterior, es la supeditación de la flota gallega
a las normativas comunitarias sobre pesca que han
obligado a reducir el número de barcos en la pesca
de numerosas especies; en este sentido el último plan
pesquero comunitario (POP IV) aprobado en abril del
97 ha reconocido, mediante el mantenimiento prácticamente
total de la capacidad de pesca de los barcos gallegos,
el gran esfuerzo reductor realizado por la flota gallega
en los últimos años.
Las
especies más importantes en número de capturas son:
en los caladeros comunitarios (Gran Sol y Irish Box),
el atún y el pez espada; y en aguas internacionales,
el bacalao y, hasta el conflicto con Canadá de 1995,
el fletán negro.
La
pesca de bajura, protagonizada por pequeñas embarcaciones
que día tras día salen a faenar por las aguas continentales
gallegas y adyacentes, también se enfrenta en la actualidad
a un bajón en el número de capturas propiciado por
el excesivo esfuerzo pesquero que aguantan estas aguas.
Esta situación ha provocado que las instituciones
públicas adoptasen medidas de control sobre las especies
que tradicionalmente han sido objetivo de la flota
de bajura: la sardina y la pescada; la salida más
socorrida para los pequeños pescadores gallegos ha
sido la pesca del xurelo.
En
la actualidad la flota pesquera gallega se encuentra
totalmente adaptada al nuevo contexto internacional
y experimenta nuevos caladeros y nuevas especies.
Además el control ejercido sobre las aguas de la plataforma
continental evita su agotamiento. El sector pesquero
gallego ha sabido hacer frente a la crisis sufrida
en los últimos años y sigue manteniendo un puesto
de privilegio a nivel internacional.
El
valor en ventas del sector marisquero gallego sube
año tras año. La incomparable riqueza natural en moluscos
de las costas de Galicia es un valor en alza que en
1996 se cuantificó, en moluscos bivalvos, en 5.300
millones de pesetas. Las Rías Baixas son el principal
criadero de estas especies, a las que se unen el resto
de rías de la costa gallega en menor medida. Paraísos
naturales como la ría de Arousa o la de Vigo son los
lugares de trabajo de cientos de familias de mariscadoras
y mariscadores que basan su economía en el preciado
marisco.
Las
especies que más importancia económica tienen son
la almeja, en sus variadas clases (babosa, de parrote,
fina y rubia), y el berberecho; estas dos representaron
en 1994 el 89.28% de la producción total de marisco.
Otras especies de menor importancia económica pero
de gran tradición son la navaja, la cadelucha, la
concha de peregrino, la vieira o la volandeira. A
éstas hay que sumarle el mejillón que desde este año
cuenta con denominación de origen.