La
imagen clásica de la economía gallega, rural y atrasada,
no responde en absoluto a la realidad actual de un
país que ha salido de su atraso y vive un presente
esperanzador, prólogo de un esperado mejor futuro.
El
hecho más característico de la actual economía galaica
es el desequilibrio existente entre las provincias
del oeste y las del este. Mientras Pontevedra y A
Coruña, gracias a sus excepcionales puertos que han
dado lugar a urbes modernas, presentan unos datos
económicos característicos de una economía desarrollada,
en Lugo y Ourense siguen perviviendo rasgos de una
economía más atrasada y agrícola.
El predominio del campo, que ha imprimido un carácter
propio a esta parte de la península, comenzó a remitir
en el último cuarto de siglo, aunque aún hoy mantiene
un importante peso en la actividad económica gallega.
Según datos de 1996 la agricultura y la pesca absorbían
el 29% de la población ocupada gallega; al sector
industrial, auténtica asignatura pendiente de la economía
gallega, se dedicaban en ese año algo más del 14%
de los trabajadores gallegos; el sector servicios,
con un espectacular crecimiento en las dos últimas
décadas, es el que mayor cantidad de población ocupada
atrae, con un 47% en 1996; por último, la construcción
da trabajo a casi el 10% de la población ocupada de
esta comunidad.
En
enero de 1997 algo más de 800.000 personas conformaban
la lista de la población ocupada gallega. En ese mismo
mes el número de trabajadores parados ascendía a 218.200
(datos de la Encuesta de Población Activa EPA) estableciéndose
la tasa de desempleo en el 19.83%, casi 2 puntos por
debajo de la media del estado que en ese mes era del
21.66%. Si atendemos a los datos del Inem la tasa
de desempleo en Galicia estaría fijda en marzo del
97 en el 15.97%, siendo el número de parados 177.642
personas.
Al
problema del paro, en el mercado laboral actual hay
que añadir el de la precariedad de los contratos realizados.
Según datos del sindicato Comisiones Obreras (CCOO)
en su informe sobre la economía gallega del año 1996,
uno de cada tres asalariados gallegos (34.8%) trabaja
bajo un contrato temporal. El sindicato afirma que
el 99% de los contratos firmados a lo largo de este
año eran de una duración inferior a un año y el 93%
inferior a seis meses.
En
cuanto al Producto Interior Bruto gallego, en el último
año (1996) creció un 1.85%, más que el PIB medio comunitario,
cuyo crecimiento fue del 1.3%, pero menos que la media
española que fue del 2.68% (datos de la Fundación
FIES). La producción en Galicia aumentó en todos los
sectores excepto en el de la construcción. Otro parámetro
que refleja la situación actual de la economía gallega
es el salario medio de los gallegos, que en el último
año se sitúo, según el INE, en las 179.583 pesetas,
siendo la media española de 208.048 ptas.; Galicia
es según este dato la quinta comunidad autónoma que
menos salario medio ostenta, aunque su crecimiento
en el último año (1996) fue mayor que el de la media
española (4.9% y 4.5% respectivamente).
Estos
datos muestran una economía en franco desarrollo,
que ha demostrado su capacidad de abandonar el atraso
que durante tantos años afectó a este, en demasiadas
ocasiones, olvidado rincón de España. Como muestra
de este desarrollo se puede destacar la pérdida del
sector agrícola de la primacía en población ocupada,
primacía que pasó a ser del sector servicios.