Galicia > la historia

Los gallegos han sido a lo largo de la historia emigrantes y receptores de emigrados y peregrinos.

Ambas experiencias han forjado en el gallego un desarrollado sentido de la hospitalidad; tras su imagen tímida y desconfiada, como corresponde al poblador de una tierra de campesinos, el gallego posee un carácter afable y respetuoso y está siempre dispuesto a echar una mano a quien lo precise.

Su gesto suave y triste es fiel reflejo de un alma noble, ligada de forma inseparable a la tierra que le vio nacer. Mezcla de diferentes razas (celta, romana, germana,...), la población gallega se caracteriza por el alto grado de dispersión.

Dos de cada tres gallegos viven en municipios de entre 2.000 y 10.000 habitantes, formados en su mayor parte por pequeñas aldeas o lugares. Los lugares se agrupan en parroquias, tradicional división territorial en Galicia; las parroquias se agrupan en municipios, y éstos en comarcas.

Por encima de la comarca el territorio galaico se divide en cuatro provincias: al sur, Pontevedra en la costa y Ourense en el interior; al norte, A Coruña por el oeste y Lugo por el este. Las provincias con mayor índice de población son las atlánticas, Pontevedra (33,48%) y A Coruña ( 40,54%), que se han desarrollado bajo la tutela económica de sus excelentes puertos, semilla de sus principales ciudades como Vigo, Pontevedra, Ferrol o A Coruña. Ourense (12,50%) y Lugo (13,49%) presentan un carácter más rural y tradicional, siendo las capitales homónimas las principales urbes.

A estas seis ciudades se une la capital de la comunidad, Santiago de Compostela, lugar de peregrinación de los católicos desde el siglo XI, conformando los siete puntos principales sobre los que gira la vida económica y política de esta tierra.

Cerca de 2.736.000 personas poblamos en la actualidad Galicia. Las previsiones a largo plazo indican, como en todo el mundo desarrollado, un crecimiento vegetativo mínimo. Este crecimiento será desigual según las provincias, ya que mientras Pontevedra y A Coruña mantendrán una tasa de crecimiento positiva, Ourense y Lugo ya cuentan con tasas negativas. Una de las razones es la fuerte migración interna que provoca que los lugueses y los ourensanos se trasladen a A Coruña y Pontevedra respectivamente.

Hay que destacar que el fenómeno de la emigración, tan presente en los últimos siglos con más de dos millones y medios de gallegos emigrados, prácticamente ha desaparecido en la actualidad. De hecho desde inicios de la década de los ochenta el saldo migratorio es positivo, es decir, hay más retornados que emigrantes.

 
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