La
ría de Ares e Betanzos se asemeja a una lengua bífida
que socava las tierras que antiguamente eran presididas
por los señores de la casa de Andrade, cuyo blasón
aún adorna hoy muchos de sus edificios. La orientación
oeste-este de la entrada de la ría, enmarcada por
las puntas Coitelada, por el norte, y Torrella, por
el sur, se rompe en mitad del recorrido, donde la
ría se divide en dos brazos; hacia el noreste parte
la ría de Ares y hacia el sur la de Betanzos. Las
tierras que baña la ría han sabido conservar las huellas
de la tradición; las calles de Betanzos y Pontedeume,
la terraza de Sada o la Ermita del Chanteiro en Ares,
entre otros lugares, emanan ese halo evocador del
pasado. El turismo ha calado hondo en las villas de
Ares y Sada, la primera en la orilla norte y la segunda
en la sur. Betanzos se encuentra al fondo de la ría
a la que da nombre, entre las desembocaduras de los
ríos Mandeo y Mendo, asomada al mar desde un pequeño
cerro. Sus calles están pobladas de balconadas y soportales,
resaltados por su colorido y sus rejerías de hierro;
en 1970 fue declarada Conjunto Histórico Artístico.
Al
fondo del otro brazo de esta ría se encuentra Pontedeume,
cuna de la estirpe de los Andrade, de cuyo castillo
nos queda la muestra de la Torre del Homenaje. Descendiendo
del monte Breamo se extienden las aportaladas calles
de esta marinera villa, donde piedra y madera alcanzan
una comunión perfecta.